Hoy salgo en los papeles. Y además, de cerca (porque así se llama la sección del sábado del Diario del Alto Aragón).
Os la paso aquí, por si luego no la encuentro en los enlaces infinitos y volátiles de la red. Mil gracias, Jara, por la entrevista y a Laura por la foto.
De cerca
José Manuel Ubé, bibliotecario y artista: "La opinión que respeto es la que sale de la verdad, de las entrañas"
Nació en Teruel, allá por 1965. Se licenció en Historia contemporánea y su formación artística ha sido totalmente autodidacta. El destino, en forma de oposición, le llevó a la dirección de la Biblioteca de la Facultad de Empresa y Gestión Pública en Huesca, ciudad en la que lleva viviendo con su pareja, la escritora Angélica Morales, ya casi 25 años. Y tan felices.
07 nov 2026 Diario del Alto Aragón. Jara Arnal. Foto: Laura Ayerbe
¿Qué pesa más en su día a día: ordenar bibliografías o resistir la tentación de hacer un collage con los impresos olvidados?
—Lo que pesa es trasladar libros, en casa y más aún en una biblioteca. Y es que los libros son maravillosos pero muy pesados también. Caigo fácilmente en la tentación, así que hago un collage en cuanto algo se acerca a mis tijeras.
Empezó con el collage en 1987. Si su vida fuera una de estas obras, ¿qué fragmentos de aquella época conservaría intactos?
—Conservaría el placentero temor que tuve ese año, ante mi primera exposición, que lo oculto hecho en tu casa saliera al exterior para que lo vieran otros ojos diferentes a los tuyos. En los 80 todo era nuevo, todo estaba por estrenar.
En sus collages une elementos que a priori no pegan ni con cola. ¿Cuál ha sido la combinación más extraña que ha formado?
—Realmente cuando hago collages no busco conscientemente una combinación extraña. Surgen así, sin saber muy bien cómo. Por eso es difícil decir una en todos estos años: Huevos con ojos, máquinas imposibles humanizadas, hombres-pulpo...
¿En qué se parecen clasificar un fondo universitario y componer un puzle visual?
—En nada. Los que trabajamos en bibliotecas somos muy de normas, de reglas… para que todo se encuentre rápidamente y esté disponible al momento. Hacer un collage es todo lo contrario. Se impone el desorden, no pensar, no clasificar…
¿Qué le resulta más difícil: recortar con precisión una pieza de papel o recortar tiempo entre tus pasiones y el trabajo?
—Lo segundo, sin duda, es mucho más difícil. Trabajar en una biblioteca es fantástico, pero tirarse a la piscina del arte, es lo mejor. Y estaría todo el día en la piscina, si pudiera.
Si tuviera que ilustrar la rutina de la época de exámenes en la biblioteca con un solo collage, ¿qué elementos incluiría?
—Un desierto con un montón de relojes de arena persiguiendo a un rinoceronte. No sé, algo así, dicho a bote pronto.
Ha expuesto desde galerías físicas hasta espacios virtuales universitarios. ¿Qué público le da más respeto: el alumnado o el crítico de arte digital?
—Dejé muy pronto las galerías físicas y me expongo en Internet a quien quiera verme. La opinión que respeto es la que sale de la verdad, de las entrañas de alguien al ver una obra, da igual que sea un crítico o alguien que pasaba por allí.
Entre el silencio sepulcral que exige una sala de lectura y el proceso creativo, ¿en cuál de los dos espacios le surgiría más inspiración?
—Para hacer mis collages sí suelo ponerme música (mi añorada música de los años 70 y 80), aunque no es imprescindible porque también amo el silencio. Realmente lo más difícil de conseguir en estos momentos es el silencio y la pausa.
¿Cuál es el libro más raro o absurdo que ha pasado por sus manos en la Universidad?
—Al ser una biblioteca universitaria, nuestros fondos suelen ser muy especializados para la enseñanza o la investigación, pero siempre nos llegan joyas curiosas, sobre todo por las donaciones. Un ejemplo, Mundo Famoso, de José María Íñigo.
¿Qué objeto más insólito ha reciclado para una de sus obras?
—El botijo. Tanto como objeto físico transformado, pintado, como en imagen, sacándolo de contexto, haciéndolo protagonista. Inicié una serie de obras con el botijo y acabaron por devorarme. Ya son más de 3.000.
Si pudiera rebobinar en su vida, ¿cambiaría algo?
—Cambiaría el momento que hubiera hecho daño a alguien y no lo hubiera sabido entonces. Para arreglarlo, claro. Y buscar a un marchante de arte, siempre que le gustara la Electric Light Orchestra; si no, no.
¿Cómo se define en una frase?
—Siempre puedes contar con él, salvo cuando está durmiendo.
¿Qué es lo que más aprecia en los demás?
—La honestidad.
¿Y un defecto que no soporta?
—Diría que la falsedad, pero también la presunción de los que no tienen nada que ofrecer y se creen más que los demás.
¿Qué es lo que más disfruta en su tiempo libre?
—Mirar las nubes. Y si hubiera una buena tormenta, ya sería todo redondo.
Dígame una pasión frustrada…
—Ser farero. Llegué a mirar los temarios, pero como soy de letras y había bastantes cosas de ciencias, desistí.
¿Quiénes son sus grandes héroes o heroínas?
—Son las personas más cercanas de las que he conocido su historia y sé que son verdaderas heroínas, porque es curioso que casi todas han sido mujeres.
Si hablamos de política, ¿se mojaría?
—Me mojo y regalo el paraguas como Gene Kelly. Me empapo por todo lo que sea público: la sanidad, la educación, la cultura… para todos. Los privilegios, por el simple hecho de tener más dinero, no deberían existir.
¿Se atrevería a confesar un secreto a nuestros lectores?
—Sigo jugando a los marcianitos en el ordenador. Qué lo voy a hacer si vengo de los años de las maquinetas. l

No hay comentarios:
Publicar un comentario